Siempre fui un poco varonera. Desde chiquita me gustaban las tortugas ninjas y jugar al fútbol, no sé, había algo de la mística masculina que siempre me llamó la atención. Mi vida de varonera se terminó, abruptamente, a los 11 años, el día que me salieron tetas. Y no un par de tetitas, tipo botoncitos. Tipo tetas posta, gomas, pechugas, boobies, lolas, pechos, zompes, ubres, mamas. Posta. Tienen que pensar que a los 12 años parecía de 18 y estaba buenísima. Igual así, mis amigos de toda la vida siguieron siéndolo. Incluso con esos tamaños, así y todo, mis amigos me querían (y quieren) así como soy.
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