Historias

TE QUIERO, TE COPIO

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Siempre quise un amor épico, de esos que te hacen temblar el piso. Pero lo que Cosmopolitan no te dice es que, normalmente, ese tipo de amores viene pegado con tipos completamente inestables.

Yo me considero una copycat, un poquito por lo menos. Y antes mucho más que ahora. Pero la idea de mimetizarte con mi chongo en cuestión siempre se me dio fácil. De repente la banda más boluda del mundo parecía ante mis ojos como la mejor banda del universo sólo porque mi novio tenía posesión de algún CD. Y yo me volvía irremediablemente fanática. Películas que en mi vida me habían interesado, de un día para el otro era fan. Ustedes todavía no saben esto pero si tienen que describirme, probablemente me llamarían una concheta de Belgrano, o una jewish princess como me dice mi papá. Yo creo que no. Que capaz en algún momento lo fui, pero ahora seguro que no. Es muy sencillo: no vivo más en Belgrano, no tengo ni un mango. Lo de jewish princess lo dejaremos para más adelante porque es un concepto muy extenso. Pero, sobre todo en la secundaria, tenía una onda más bien de concheta. Ponele que el día que me hacía la loca tenía tendencias pseudo alternativas, pero nadie jamás de los jamases podría decir de mí que era ricotera. Eso seguro. Y sin embargo, epa ¿qué paso? Salía con un chico que era piojoso (literal y figurativo: le gustaba la banda Los Piojos, y muy probablemente tenía piojos) y de un día para el otro me volví piojosa yo también.

Después salí con un chico que amaba las fiestas electrónicas. Lindo, interesante, alto, todo lo que una arrastrada como yo podía desear. Así que íbamos a fiestas. Siempre por separado, obviamente, nunca me invitó a ningún lado. Yo me drogaba porque pensaba que, si me lo llegaba a encontrar en algún lado, mejor que me viera como si la estaba pasando bien. Y no siempre la terminé pasando de lo mejor, pero por sobre todas las cosas nunca me lo encontraba. Convengamos que es bastante complicado encontrarse “accidentalmente” a alguien en una puta Creamfields.

En esa época este chico era fan de “Vírgenes Suicidas”, película de Sofía Coppola del 99. Y como buena seguidora que soy, me escribía el nombre de mi amado en las bombachas. Por suerte mi fanatismo con la película y novela no llegaron a ser extremas y nunca intenté copiar a las protagonistas (oh Lexie, Lexie, you rock my world).

Fui trekkie por un tiempo. Muy a mi pesar. Pasé de ir a ver bandas de reggae hasta el más puro metal. Un embole todos y cada uno de esos recitales en lugares de mala muerte que seguro que si mis viejos sabían dónde estaba, no me hubiesen dejado ir. Pero ese es el tema, siempre fui fan del amor, y de enamorarme, por ende, fan de la persona que me daba bola en ese momento. Siempre tuve la necesidad de ponerme la camiseta y dejar todo en la cancha, no sé si me explico. Supongo que mis amigos me llamarían gauchita, pero por suerte, mis amigos no saben de estas características mías.

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